El poder de la educación: historias que inspiran desde cuatro continentes

Una niña y una mujer en Burkina Faso. Una familia de refugiados afganos en Grecia. Una docente de la India. Una empresaria en Guatemala.

Aquí cuatro historias que demuestran el poder de la educación actualmente presentadas en el marco de una exposición inmersiva titulada “La educación transforma vidas” que la UNESCO exhibe en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York, paralelamente al Foro Político de Alto Nivel.

Cada historia inspiradora hace que el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 en materia de educación cobre vida. Las experiencias ilustradas en estos potentes testimonios personales demuestran cómo estos pequeños pasos individuales a lo largo de todo el mundo son útiles para hacer que progrese el derecho a la educación de cada mujer, hombre y niño y, a su vez, para garantizarlo.

“No sé lo que me depara el futuro, pero es mi segunda oportunidad y no quiero desperdiciarla.”

Foto: Sophie Garcia

Awa Traore, de 21 años de edad, trabaja de sol a sol para lograrlo. Creció en una pequeña aldea de Banzon (Burkina Faso), donde no tuvo escolarización. Cuando se presentó la oportunidad, se mudó a 30 kilómetros de allí, a la ciudad de Bobo-Dioulasso, en donde vive con un tío y su tía, y a cambio se ocupa de las compras, y de cocinar y limpiar. Sus jornadas son largas. Después de dejar a su sobrino en la escuela, se dirige al mercado. Solo después de haber hecho los quehaceres cotidianos es que puede concentrarse, a las 18h30, en sus libros y en preparar su curso de alfabetización. Awa sabe que le falta mucho para ponerse al día y que otras mujeres más educadas que ellas les cuesta encontrar trabajo. A pesar de los obstáculos está decidida a sacar provecho de esta segunda oportunidad de alfabetización, un trampolín que pueda llevarla hacia una profesión del ámbito de la salud.

“Me siento muy feliz de poder asistir cada día a la escuela. Mi madre no tuvo esta suerte.”

Foto: Sophie Garcia

La cabeza gacha, seria, Rachidatou Sana, de 11 años de edad, se concentra en dar la respuesta correcta. De por sí excelente alumna de la escuela Kua C de Bobo-Dioulasso, también le gusta resolver los problemas de matemáticas, pero tiene que arreglárselas sola en su combate para completar sus estudios. Como es el caso de muchas niñas de su edad en Burkina Faso, Rachidatou nació en el seno de una familia pobre (su madre es analfabeta) y se debate cada día entre efectuar los quehaceres domésticos, ganarse la vida y estudiar para mejorar su situación. Solo desea tener las mismas oportunidades que todo el mundo. Quiere ir a la universidad para recibir una formación de enfermera “para ayudar a mi familia y a las otras.”

“Si Matin no hubiera tenido la oportunidad de estudiar aquí, hubiera quedado rezagado con respecto a los otros niños.”

Foto: Olivier Jobard

Shahnaz Karimi, de 24 años de edad; Nasir Rasouli, su esposo de 34, y el hijo enérgico de ambos, Matin, de 8 años, llegaron a Lesbos en agosto de 2018. Oriunda de Heran (Afganistán), la familia Rasouli abandonó Irán, su primer país de adopción, en busca de una vida mejor. Hoy en día, viven junto a 1.300 residentes en la aldea de Kara Tepe. Los padres tenían un oficio: Shahnaz era esteticista y Nasir pintor y decorador. En Lesbos, Matin asiste a la escuela primaria, mientras que sus padres reciben clases de inglés y de arte. Matin ya tiene mejor nivel de inglés que sus padres. Para la familia Rasouli, la educación ocupa sus largas jornadas, les da la impresión indispensable de normalidad y les proporciona la esperanza de un trabajo y un futuro mejor.

“El mayor cambio que la educación ha representado en mi vida es que puedo trabajar y contribuir a los gastos de mi hogar, comprar alimentos y contribuir en los costos de escolarización de mis hijos.”

Foto: James Rodríguez

De niña, Margarita Pelico vivía justo al lado de la escuela local y deseaba ir detrás de los niños cuando veía que ingresaban en sus aulas. Fue necesario convencer a sus padres, que no estaban realmente convencidos de la necesidad de educar a una niña. Margarita pertenece a una familia de nueve personas que viven en la aldea de Los Cipreses, una región rural de Totonicapán (Guatemala), en donde la mayoría de los hombres se ocupan de los cultivos, mientras que las mujeres tejen. Pertenecen a la etnia de los mayas k’iche. La escuela de Margarita cerró, y antes de que volviera a abrir, ya ella había quedado muy rezagada. A los 13 años de edad descubrió un programa educativo gratuito y flexible por correspondencia para adultos pensado para niñas de más edad que no habían asistido a la escuela. Aprendió a sumar y restar yendo al mercado con su maestra, y a calcular mientras cosían. Determinada a continuar sus estudios, pudo ir a la escuela secundaria y a la universidad. Actualmente, es asistente social y administradora de su propia empresa de costura, se dedica a ayudar a que otras niñas sigan su propio camino en pos de la educación – y envía a su hija de cinco años de edad a la misma escuela a la que ella asistió antes.

“Enseñar a las personas significa ofrecerles el mejor regalo de sus vidas.”

Foto: Jyothy Karat

La docente Prathibha Balakrishnan, de 38 años de edad, llegó en 2008 a la aldea de Kadichanokolli, situada en lo más profundo de la reserva de biosfera de Nilgiris, en el sur de la India, con la misión de enseñar a los betta karumba, habitantes montañeses del lugar. No había electricidad, ni escuela, ni tampoco servicios sanitarios. Se asoció a otra mujer extraordinaria, Bedichi, de 44 años. Badichi, matriarca tribal con siete hijos, no recibió mucha educación, pero está convencida del poder de la educación. Trabaja duro como criada para pagar los derechos de matrícula de todos sus hijos y de su nieta Anitha, que fue abandonada por sus padres. Los betta karumba, un pueblo aislado que se dedica principalmente al cultivo en las plantaciones de té y café, posee altas tasas de analfabetismo. Cuando Prathibha tuvo necesidad de un aliado para convencerlos, Badichi se puso manos a la obra. Las dos mujeres supieron ganarse la confianza, obteniendo el apoyo para solicitar con éxito a la administración local que construyera una escuela primaria, carreteras, así como la electrificación de la aldea. Durante ese tiempo, las hijas de Badichi, Seetha de 17 años y Vasanthi de 19, alumnas de Prathibha, le devolvieron el favor enseñándole la lengua local. Algunos aldeanos hablan la lengua materna de Prathibha, el tamul, pero en lo adelante reciben sus cursos en su propia lengua. Seetha está actualmente en 11° grado, Vasanthi comenzó los estudios de enfermera en un hospital cercano y las dos hablan tres lenguas, un salto hacia adelante para una aldea en donde la mayoría de los adultos son analfabetos.

La exposición ha sido organizada en colaboración con Education Above All(link is external), la Fundación du Qatar(link is external), la Representación Permanente del Estado de Qatar ante las Naciones Unidas, así como con los copresidentes del Grupo de Amigos de la Educación y el Aprendizaje a lo Largo de Toda la Vida (Argentina, Chequia, Japón, Kenya y Noruega).

La exposición se mantendrá durante los meses de julio y agosto de 2019 en la Sede de las Naciones Unidas. Una galería multimedia completa en línea podrá ser consultada en las próximas semanas en el sitio web de la UNESCO.

Fuente: unesco.org

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